DEBES CONOCER LOS PROBLEMAS DE TENER UN DESCALCIFICADOR EN LA RED DE AGUA DE TU CASA.

Escribo este artículo, porque desde hace años, muchas personas me lo preguntan.

Para la salud son buenas todas las aguas cuyo contenido en sales no sobrepase los límites de la potabilidad.

El sabor del agua por el cual muchas personas entienden que el agua es buena o no, depende totalmente de las sales y del cloro que realmente contengan. Es comprensible que dos aguas con el mismo contenido cuantitativo en sales, medido en gramos o en conductividad eléctrica o en residuo seco, puedan ser totalmente distintas en función de cada una de las sales que específicamente dispongan. No es lo mismo que el agua contenga mucho sodio o mucho calcio. No es lo mismo que contenga bicarbonatos o que contenga cloruros. La respuesta, por tanto, depende de la diversidad de sales y de su contenido. El sabor también variará, no solo en función de los elementos químicos que contenga, sino también de la cantidad de sales contenidas en el agua.

Lo puedo precisar mejor con algunos ejemplos: un agua con mucho sodio no es buena para la tensión arterial. La legislación indica como límite máximo en las redes de agua potable la cantidad máxima de 200 miligramos de sodio por litro. A las personas con problemas de tensión los médicos les aconsejan que deberían tomar un agua mineral con bajo contenido en sodio.

Sin embargo, la paradoja está en que en un número no controlado, ni conocido, de viviendas de muchas ciudades, bien sean los vecinos individualmente, o bien las comunidades de vecinos para todo el edificio, han colocado aparatos descalcificadores antes de la entrada de sus viviendas al objeto de rebajar la dureza del agua entrante para que no se formen incrustaciones de sales minerales en las tuberías, ni en los electrodomésticos. Estos aparatos eliminan prácticamente todo el calcio y el magnesio que contiene el agua de la red municipal.

El problema que se crea con este sistema de eliminación del calcio y del magnesio es que éstos son sustituidos por sodio, en la misma cantidad que había anteriormente de calcio y de magnesio, ya que el equilibrio iónico del agua debe de permanecer inalterable. Por si no lo saben, al aparato descalcificador, compuesto físicamente por resinas intercambiables, se le añade continuamente sal común, o sea, cloruro sódico, para poder realizar su función. Al pasar el agua de entrada con las sales que contiene en origen por el citado aparato se intercambia el calcio y el magnesio por el sodio. Así el agua de salida puede entrar en la vivienda con un alto contenido en sodio, que no es controlado por nadie. El problema depende aún más si la cantidad de calcio y magnesio que había en el agua de entrada fuera alto. Aquellas personas que tienen tensión alta o problemas cardiovasculares y que viven detrás de un aparato descalcificador no las ampara ninguna legislación y podrían, en función de su caso particular, ser objeto de un aumento en la ingesta de sodio con los problemas que pueden derivarse de esta nueva situación. Al menos debieran ser muy bien informadas por los instaladores de esta modificación. Y debiera estar regulado por la normativa de agua de los ayuntamientos. Sería bueno que hiciesen una análisis químico de manera periódica.

La reciente directiva europea 2020/2184, no transpuesta todavía a la legislación española, dice claramente que el agua potable destinada al consumo humano significa no solo la ausencia de microorganismos y sustancias nocivas, sino también que es necesaria la presencia de minerales naturales y elementos esenciales, teniendo en cuenta que el consumo a largo plazo de agua desmineralizada o agua muy baja en elementos como el calcio y el magnesio pueden comprometer la salud humana. Una cierta cantidad de tales minerales también es vital para asegurar que el agua destinada al consumo humano no sea agresiva ni corrosiva y para mejorar el sabor de dicha agua.

Y, sin embargo, el agua después de su paso por el  descalcificador sigue teniendo el mismo contenido global en sales, pero su relación con la salud pudiera activar aspectos negativos en algunas casos.

El agua que sale de un descalcificador no es buena para la gestión de la calidad del agua, ya que en el conjunto del edificio no se puede determinar quien la puede beber y quien no, ya que su uso como bebida solo es aceptable para personas que no tengan problemas de salud cardiovascular o de tensión alta. A una persona que no sufra estos problemas no le ocurrirá nada, si acaso un pequeño incremento de la tensión arterial. Para una persona que no tenga estos problemas puede beberla, siempre que no supere los 2 gramos de sodio por día, como resultado de sumar el agua de bebida y el resto de toda la alimentación sólida y líquida ingerida.

Las personas que deciden instalar los descalcificadores lo hacen porque creen que el agua será mejor. La realidad es que es muy buena para evitar que en las tuberías o en los electrodomésticos, como los lavavajillas, lavadoras, calentadores de agua u otros, se puedan incrustar depósitos de carbonato cálcico, que atoran a los mismos y disminuyen el diámetro de las tuberías por lo que pueden dificultar el paso del agua. La vida de los electrodomésticos y de las tuberías será mayor en las viviendas dotadas de descalcificadores, siempre que no sean atacadas por la agresividad del agua, modificada por estos aparatos.

Cada uno debe decidir si prefiere instalaciones y aparatos más duraderos o que se pueda incrementar algún problema de salud en aquellas personas con problemas cardiovasculares. De todos modos, consideren que la obsolescencia programada de algunos electrodomésticos puede cambiar la ecuación económica de la amortización de la instalación.

Los ayuntamientos y empresas de agua deben tomarse en serio esta cuestión y proceder activamente en la defensa de la salud de la población, utilizando convenientemente la información de la calidad del agua y modificando los reglamentos municipales.

Esta información está obtenida del libro UNA VISIÓN GLOBAL DEL AGUA, escrito por el autor y editado por Editorial DIEGO MARÍN.

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