Las estrategias las forman personas preparadas intelectualmente y con una gran dosis de experiencia. Ante cualquier cuestión los estrategas urden un plan al objeto de eliminar o disminuir los problemas que se puedan presentar al querer alcanzar un determinado objetivo en un determinado tiempo. Los estrategas son elegidos por los políticos o son ellos mismos.
Putin sí ha tenido una estrategia, ha programado durante bastantes años el momento de atacar al mundo occidental. Primero, nos ha confiado en que Rusia era un proveedor segurísimo de gas y petróleo para Europa. Contrató a un expresidente del Gobierno de Alemania para gestionar los gasoductos que se dirigían a Europa. Aprovechó el excesivo sentimiento de miedo por un posible cambio climático inmediato, expresado con mayor publicidad por Al Gore, vicepresidente de EEUU, lo que provocó el crecimiento de innumerables movimientos sociales en contra de la utilización de combustibles fósiles. Esto lo llevó Rusia a las redes sociales mediante sus infinitos robots.
En segundo lugar, cuando se inició el “fracking” en EEUU, Putin inició una guerra en las redes sociales para impedir que a Europa no se le ocurriera ni por un momento iniciar la producción de gas y petróleo mediante esta técnica revolucionaria, que consta en obtener importantes cantidades de reservas de estos hidrocarburos en un gran número de lugares donde extraerlos. El ruso lo consiguió. Hoy día ante los movimientos sociales que se iniciaron por este motivo, Europa tiene prohibida la realización de la explotación de hidrocarburos. No obstante, sigue utilizándolos al adquirirlos en el resto de países.
En tercer lugar ha ayudado a crear una histeria colectiva en toda la sociedad con el anuncio de los perniciosos efectos del cambio climático. Esta histeria ha influido en que los países occidentales hayan tomado decisiones sin estrategia alguna. Han decidido, con muchas dudas y con rectificaciones que los vehículos de combustión se acabarán de producir dentro de muy pocos años. Esto dice muy poco de los dirigentes y de sus estrategias, porque nada se sabe sobre la posible universalidad de los vehículos eléctricos, ni del lugar de sus recargas, ni si será solo para viviendas aisladas, ni tampoco si será el hidrógeno verde el que se convierta en el sustituto ideal de los combustibles fósiles. Demasiadas incógnitas para temas tan importantes. Lo único cierto que sabemos es que la flota de vehículos en las vías públicas es cada vez más antigua, lo que implica mayor posibilidad de accidentes, a la vez que hay una menor producción industrial de vehículos, lo que trae consigo menos puestos de trabajo. Todo esto nos ha convertido en una sociedad con una gran inseguridad en la población y con un desconcierto general en el presente y en el futuro. Afortunadamente, dentro de pocos años, la energía será renovable casi en un ciento por ciento.
China, por otra parte, también ha aprovechado la ingenuidad de los países occidentales. Poco a poco, ha conseguido localizar la producción de la mayoría de productos que necesitamos sí o sí, a precios muy bajos, mientras ha aprendido a hacer las cosas mejor que nosotros. Ha conseguido, por tanto, que no dispongamos de capacidad de producir, ni de especialistas industriales, y tampoco de empresarios que intenten un desarrollo industrial. Estamos en sus manos. Se demostró en el inicio de la pandemia. Las mascarillas, algo tan sencillo, tuvieron que buscarse en China. Nos tienen bien atados. Volver a tener cierta capacidad industrial es muy difícil. Sin embargo, ahora China está preparada técnica e industrialmente muchísimo más que España y el resto de países occidentales.
Los productos agrícolas viven el mismo mal estado de estrategia general. Dependemos, como se está demostrando en estos momentos, de otros países para poder tener la comida necesaria, no solo de granos, también de piensos para la ganadería que aún sobrevive en España y Europa. Y mientras tanto, hablamos continuamente de la España Vaciada, donde se podría continuar produciendo lo que necesitamos y revitalizarla en parte.
Como si de una familia se tratase, la globalización ha ido marcando los ejes y las funciones de cada uno de los distintos países del Planeta. Esto podría funcionar si no existiese el Mal, pero este existe. También existe el Bien, pero no termina de expresarse. El caso es que si se rompe el equilibrio y algunos países, como Rusia y China pretenden aprovechar ahora su ventaja sobre el resto de países, me temo que lo tenemos muy mal. Y me temo que las estrategias utilizadas por los países occidentales han sido excesivamente bondadosas y simplistas. Al contrario, las estrategias de aquellos países están dando en la diana. Nos van a hacer mucho daño.
Siempre que expongo un problema lo acompaño con una solución. En este caso es difícil, pero procuremos el Bien, con estrategias y no caigamos en el Mal.