LA NUEVA CULTURA DEL AGUA “mece la cuna” de la gestión del agua en España.

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Lo primero que es rechazable totalmente es la utilización de la palabra CULTURA. Es tan importante y significa tanto que no se debiera de poder utilizar por cualquiera. Hubiese sido más honesto haberse llamada UNA NUEVA PROPUESTA PARA EL AGUA.

Valga de antemano mi respeto total por las ideas de los demás, sean las que sean, en este caso por las expuestas por los componentes y seguidores de la denominada Fundación Nueva Cultura del Agua, NCA, pero también creo conveniente que sean contrastadas con las ideas de los demás.

La citada NCA inició su crecimiento y desarrollo en los años 80. Desde los 90 es liderada por Pedro Arrojo, doctor en Ciencias Físicas y Francisco Javier Martínez Gil, doctor en Hidrogeología, ambos de la Universidad de Zaragoza. Su oposición al trasvase de agua del Ebro al Levante español forjó su crecimiento hasta convertirse en los adalides de la lucha contra la construcción de embalses, contra los trasvases y a favor de la gestión de cada cuenca hidrológica en sí misma, de tal modo que los usos de agua para agricultura e industria no solo han desaparecido de sus propuestas, sino que además, aquellas son atacadas por perniciosas e inconvenientes con el medioambiente. Se aliaron con los movimientos políticos más radicales y el resto de su vida ha sido paralelo a los movimientos de este sino. En estos momentos la mayoría de sus líderes regionales conviven y comparten sus ideas con el partido político Podemos. Y también con los poderes que este ostenta.

Pedro Arrojo, representante máximo del movimiento NCA, ha sido diputado de Podemos en el Parlamento español y de aquí,  lo han colocado como “Relator de Naciones Unidas para el Derecho humano al Agua y al Saneamiento” Este es el resultado de la alianza entre PSOE y Podemos.

Otros resultados son los nombramientos de personas que dirigen la gestión del agua. Teresa Ribera y Hugo Morán coinciden y dirigen la política del agua, de igual manera que lo haría la NCA: nada de trasvases entre unas y otras cuencas, no realizar embalse alguno, repetir continuamente que no hay recursos de agua en España, que hay que disponer de un caudal ecológico en todos los ríos,  mayor incluso que el posible, disminuir la agricultura todo lo que se pueda porque resta agua al flujo del caudal del río, disminuir la industria por las mismas razones, que en la gestión del agua en las ciudades se expulse a las empresas especializadas en gestión pública de abastecimientos y saneamiento de agua. El “anillo” que rodearía al Mar Menor, similar a la Albufera de Valencia se lo han cargado los actuales políticos, cuando este podría encargarse, como tal ronda, de recoger y aliviar el tráfico de nitratos y fosfatos de la agricultura y de las depuradoras.  

Si lo piensan bien, todo esto que he comentado es consecuencia de creer profundamente en una economía de “globalización mundial”. Que todo lo que nos estorba lo hagan en otros países. En el nuestro, no, hay que preservarlo. Así los posibles efectos perniciosos de la agricultura, la industria, la extracción de gas, de minerales, que en otro lugar del planeta tendrían el mismo efecto, si es que lo tienen, que lo sufran los demás. El planeta se ve igualmente afectado. En España vamos directos a Atapuerca.

Observando a Ucrania, España tiene que disponer de sus propias fuentes de alimentación agraria, ganadera, mineros y energéticos. Lo que se denomina España Vaciada puede tener una nueva vida para sus habitantes, ya que la globalización y otras causas se lo han robado. El gas que duerme en las entrañas de tierras españolas debe ser explotado mientras vaya siendo sustituido por energías renovables, de las que seremos  uno de los líderes mundiales. España es rica en minerales y “tierras raras” imprescindibles para la tecnología actual y futura. Hay que investigar más y mejor. La exportación de jóvenes muy preparados, que se están yendo a otros países, debe finalizar. China nos está invadiendo de una manera sigilosa y paulatina, con una política de bajos precios, explotando a sus nacionales y haciendo que abandonemos nuestra capacidad industrial que se ve incapaz de competir con los precios chinos.

Si reparamos en la política actual del gobierno nacional sobre el agua en el Levante español, se observa la mano, el poder y la influencia de la NCA. A estos los ha votado muy poca gente. Y el máximo partido gobernante, que es quien debe mandar, se está dejando llevar sin darse cuenta del daño que la NCA le está haciendo. Se pueden cargar el trabajo y la forma de vida de millones de españoles, sin obtener más beneficio que la vanidad.

¿Es que ya no hay nadie en el PSOE?

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