UNA DESCRIPCIÓN DE CÓMO NO FUNCIONA LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

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La Administración pública se encarga de todo aquello que sea susceptible de gestionar por parte de los administradores en relación con los ciudadanos.

Todos aquellos ministerios, direcciones generales, gobiernos regionales, diputaciones, ayuntamientos y empresas públicas de cualquier país se nutren de los impuestos de los ciudadanos, excepto en momentos tan importantes y graves como el que nos ha tocado vivir en relación con la pandemia de la Covid-19.

En este caso, a cada uno de los países de la Unión Europea le van a llegar fondos extraordinarios para poder hacer frente a los problemas generados por la situación sanitaria y social y para crear una nueva política para las próximas generaciones.

La diferencia entre unos países y otros, así como entre unas administraciones y otras dentro de un mismo país estriba en la capacidad de gestión y de organización que disponga cada uno de los entes que observemos y analicemos.

Lo que “a priori” puede parecer una alegría que les informen de la llegada segura de una cierta cantidad de fondos públicos para invertir en mejorar la vida a los ciudadanos se puede convertir en un problema y un drama si una administración cualquiera no está bien dirigida, bien estructurada o bien preparada para organizar y determinar hacia donde van a parar los citados dineros, en qué se van a gastar y cuándo se van a efectuar los trabajos necesarios para ello.

Todos ustedes habrán leído con asiduidad que en tiempos normales, no en estos en los que se requiere aún mayor acción e inteligencia, el porcentaje de ejecución final en el ejercicio que sea, es casi siempre mucho menor de lo que se había presupuestado para dicho año. Cualquiera puede pensar: ¿por qué son tan importantes los presupuestos si no se suelen cumplir?

Las estructuras de personal dedicado a elegir proyectos y obras, así como el personal dedicado a controlar lo aprobado no suele estar bien dimensionado, ni, en ocasiones, bien elegido. Por tanto, tampoco tienen capacidad de medir los tiempos de resolución.

Viene todo esto a una llamada que hizo la semana pasada nuestra ministra Calviño, en la que pedía que le trajeran proyectos, porque tenía 84.000 millones de euros para decidir donde gastar.

Es increíble que todas nuestras administraciones no estén capacitadas para encontrar, proyectar y presentar propuestas desde que se supo que podríamos disponer de 140.000 millones de euros.

¿Es que disponer de un Plan para recuperar el Mar Menor, o construir una tubería cerrada para el agua de abastecimiento del trasvase para mejorar y salvaguardar la calidad del agua de tres millones de personas no son suficientemente relevantes como para ser aceptados por las autoridades europeas?

¿Es que la definitiva solución de las redes de ferrocarriles de la Región de Murcia no es aceptable?

¿Es que las carreteras de las circunvalaciones de las ciudades de la Región tampoco lo son?

¿Y las obras para disminuir los efectos de las inundaciones?

Etcétera. Etcétera…………….

¿Tan difícil es trasladar los problemas de la ciudadanía a proyectos singulares?

¿Es que tenemos que servirnos de las empresas consultoras para saber lo que queremos?

Que Dios nos coja confesados, porque me parece que no llegamos nunca.

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