Es hora ya, de inmediato, de disponer de una nueva política energética de nuestro país, sin olvidar ni un solo momento, que nuestro objetivo final es una política basada solo y exclusivamente en energías renovables. En esto estamos todos de acuerdo. Hay que terminar con las energías fósiles, que tanta prosperidad económica han traído, pero también tanta contaminación de CO2, que nos ahoga cada día más. Hemos quemado en no más de 150 años toda la materia orgánica depositada en los estratos geológicos de cientos de millones de años. Afortunadamente, la sociedad ha sabido investigar y poner en marcha diversas energías renovables, como la solar, la eólica, la hidráulica, el hidrógeno verde, que constituirán la base energética de nuestro presente y nuestro futuro. Más verde, más barata e infinita. Podrán sentar las bases del desarrollo económico de todos los países del planeta en igualdad de condiciones. No como hasta ahora, que el factor de disponer de hidrocarburos es una ventaja no solo económica, sino también estratégica, lo que convierte a unos países en más ricos y más poderosos que otros.
El actual momento de guerra en Ucrania es un ejemplo perfecto de cómo se está utilizando por los países que detentan la posesión de gas y de petróleo el poder para efectuar un perverso chantaje sobre el resto del mundo. Esto es lo que no podemos, ni debemos consentir si es que podemos hacerlo, porque la transición total de energías fósiles a energías renovables nos va a llevar casi una generación humana completa. No es tan fácil, como dicen muchos políticos. No es cierto que no necesitemos gas y petróleo a partir de prácticamente ya. La desafección a los hidrocarburos costará todavía muchos años. Desde ahora, se han empezado a sustituir las energías fósiles por las nuevas energías, pero esto sucederá poco a poco. Es más, aún hay dudas de si los nuevos vehículos se moverán con las pesadas e ineficientes baterías eléctricas o con el hidrógeno verde, al que le falta solo un empujón para que sea una realidad a un precio competitivo y más barato que los actuales combustibles. Mientras tanto, se necesitan realizar enormes inversiones en las infraestructuras de conducción eléctrica si es que se decidiera que la electricidad es la que moviera nuestros vehículos.
No solo son los precios de los hidrocarburos los que van a incrementar la inflación en muchos países, en el nuestro también. La situación del mercado mundial, más las discusiones y luchas entre Marruecos y Argelia pueden situarnos en una posición muy difícil de gestionar y acabaremos pagándolo todos. No solo en el coste por unidad, sino también en un déficit comercial, que no nos conviene, dado el actualmente existente.
Por tanto, necesitamos invertir en estos momentos, para alcanzar una independencia energética máxima respecto al resto de países, en inversiones de energías renovables, pero también en extraer y producir el gas contenido en el subsuelo de España, estimado por la consultora Deloitte, en más del necesario en 60 años. Si esto se hiciese, no tendríamos que depender de nadie para tener nuestro propio gas hasta que sea sustituido por las energías renovables. En cuanto al petróleo, según la consultora, no hay cantidad para tanto tiempo, pero algo hay.
Como ha dicho la Unión Europea, al modificar la taxonomía de las distintas energías, el gas natural renovable debe formar parte de nuestro cuaderno de producción de energía hasta la sustitución por energías renovables.
También debiéramos copiar a otros países en la construcción de algunas plantas nucleares. Recuerden que el volcán Tambora en 1814 provocó que no hubiera sol durante dos años en todo el mundo. ¿Cómo resolveríamos la cuestión si dejáramos que una gran parte de nuestra energía se debiera al sol?
No entiendo hasta que me lo expliquen mejor por qué nos negamos en España a perforar el subsuelo en búsqueda de gas, y sin embargo compramos gas a una docena de países. España está investigando la posible explotación de gas en el Ártico. Es el país europeo que más está invirtiendo. ¿Es que el gas de otro lugar no emite el mismo CO2 que el que se pudiera producir en España? ¿O es que lo que deseamos es aumentar nuestro déficit comercial? ¿Es que las más de 70 plantas nucleares de Francia, en el caso de accidente, no nos afectarían de una manera similar a si ocurriese en España?
Lo que debiera estar claro es que las decisiones sobre esta cuestión se han aclarado totalmente con la desafortunada e impredecible guerra en Ucrania. Tenemos que disponer de una nueva política energética en España, que sirva para disponer de mejor precio, para obtener la energía necesaria y para disminuir el déficit comercial del país.