EL CINISMO IMPERA EN LA POLÍTICA ENERGÉTICA.  EN ESPAÑA TAMBIÉN.

La mayoría de las naciones están de acuerdo con la descarbonización del planeta con el objetivo en 2050.

La estrategia es sustituir las energías fósiles por energías renovables. Afortunadamente, los costes de estas han ido disminuyendo progresivamente, por lo que su producción ha aumentado importantemente. Este año pasado, las renovables han constituido el 46% del consumo total en España.

Hemos pasado más de 150 años quemando la materia orgánica depositada en las capas geológicas de la Tierra durante cientos de millones años. El resultado ha sido un aumento del CO2 que inunda la atmósfera de nuestro planeta. No podía ser, por lo que las políticas y acuerdos internacionales han marchado en la línea convenida de disminuir estos gases.

A pesar de la unión de la mayoría de los países, China, India, Rusia y otros países más van muy rezagados en la consecución de los objetivos mundiales. De manera cínica, no cumplen con las directrices. El tema es muy importante para todos nosotros, porque estos países representan un altísimo porcentaje de la emisión de anhídrido carbónico. Si ellos no cooperan, a todos nos irá mal.

A pesar la rémora de estos países, parece que la cuestión del reemplazo de las energías va bien.

Excepto que la transición de las energías fósiles a las renovables para conseguir rozar el 100% es un complejo sistema de decisiones que debe estar bien analizado, bien proyectado y dirigido convenientemente para alcanzar el objetivo de 2050 y para penalizar comercialmente a los países que no cooperen con el mismo.

Me temo que lo expresado en este último párrafo no se está cumpliendo con inteligencia, y por tanto con previsión, que es la hija de aquella.

Poner una fecha para prohibir la construcción de los vehículos movidos por combustibles fósiles es un riesgo, ya que las consecuencias de decidir una fecha concreta puede llevar a conseguir el parque más antiguo y de mayor edad de vehículos que hemos tenido nunca. ¿Quién va a comprar coches? ¿Cómo se moverán, diesel, gasolina, híbridos, solo enchufables?

Por lo que veo a mi alrededor, nadie lo tiene claro. Si alguien se compra un vehículo de diesel o gasolina lo pueden freír a impuestos al adquirirlo y posteriormente, año a año, por seguir disponiendo del mismo. Si adquiere un vehículo híbrido, de combustible y motor eléctrico, será muy aplaudido, pero a las pruebas me remito:

  1. consumen más que los normales, porque si la energía no se crea, ni se destruye, solo se transforma, el motor eléctrico toma la energía de la batería del coche, que a su vez ha sido recargada por la combustión del diésel o de la gasolina del mismo. Es cínico llamarles “ecológicos”.
  • Si es híbrido enchufable, el espacio del maletero queda reducido a casi la mitad por la existencia de una gran batería, por lo que será difícil viajar con la familia a ningún lado. Ya ninguna marca de coches anuncia la gran amplitud del maletero.
  • Si hay que enchufarlo, las personas que no vivan en una casa propia aislada, con garaje propio, o sea todos aquellos que viven en las ciudades ¿dónde y cómo los enchufan a la red? Las empresas eléctricas y los gobiernos tendrán que ampliar las secciones eléctricas de los cables que llegan a las viviendas. Probablemente, muchos edificios que no poseen cableado de diámetro suficiente, tendrán que hacerlo por sí mismos. Imagínense una junta de la comunidad de vecinos aprobando el gasto correspondiente. ¿Cuánto cuesta todo esto? ¿Cuánto tiempo se necesita?.
  • ¿No hubiese sido más inteligente si se hubiera propiciado una solución de “cambio de baterías del coche” en la actuales gasolineras. El vehículo llegaría a esta y una máquina retiraría la batería que en ese momento lleva el coche y la sustituiría por otra ya cargada. Para ello, tendrían que adaptar los vehículos para que solo existiesen 3 o 4 tamaños y modelos de baterías. Pero esto, me parece que es mucho prever. Cada uno va por su lado y en su dirección. Actualmente se necesitan cien o cientos de minutos para recargar una batería propia en algún lugar que tenga puntos de enchufes.

Tal es el lío, que una cosa es lo que nos dicen y otra lo que piensan los gobiernos actuales. Esta semana me he quedado sorprendido con la noticia de que España lidera la inversión en energías fósiles en el extranjero: 6.200 millones de euros, especialmente en Mozambique y en el Ártico.

¿Dónde están las críticas a la liberación del CO2 del Ártico por la disminución de la capa del “permafrost” debido al cambio climático? Esto es cinismo también.

Por otra parte, nuestro gobierno no quiere ensuciarse las manos en casa, en nuestro país, pero sí lo hace –en algún lugar hay que hacerlo- comprando y produciendo gas y petróleo en más de 15 países. Sin embargo, España, según la consultora Deloitte dispone de gas suficiente para el suministro que necesita nuestro país en 60 años.

Digo yo, que la contaminación del planeta se produce de igual manera si el gas o el petróleo se extrae o se quema en cualquier lugar del mundo. De igual manera que si una planta nuclear francesa –hay decenas- tuviese algún problema, España lo sufriría también. Trasladar la producción a otro lugar también es cinismo.

Me parece un derroche que tengamos un déficit comercial de 70.000 millones de euros en combustibles fósiles, mientras se podría disminuir la factura del déficit en 30.000 millones por producirlo en España. Además, probablemente se disminuiría la factura de la electricidad de una manera importante, ya que el gobierno dice que este precio viene marcado por el precio del gas, que ha subido un 500% en el mercado mundial. En este caso, es cinismo y además es muy caro.

Así, por favor, que se pongan todos de acuerdo. Que haya más previsión, mejores decisiones y lo más exactas posibles, porque esto es un sin vivir. Y si algunas cuestiones no llegan a buen fin en 2050, que lo sean en 2060. Que no pasa nada, pero dejen lo más tranquila posible a la población. Que entre la covid, las pensiones, el paro y otras cosas más, nos llevan con la lengua fuera y sin saber hacia donde vamos.

Menos cinismo y más verdad.

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