Las directrices que marcan las actuales políticas sobre las necesidades de agua que el sureste español necesita, son de atropellamiento de la realidad, lo que traerá funestas consecuencias si no se toman las decisiones oportunas y en su momento.
Debemos estar preparados para tomar las decisiones, tanto si creemos que las políticas del agua del Gobierno nos gustan, como si son contrarias a lo que entendemos por racionalidad. No hacerlo, nos llevará a llorar, a ensimismarnos, a mirarnos en el espejo y a perder las oportunidades que tiene siempre la vida empresarial. Las empresas no solo se sirven de buenos directivos, también se sirven de saber cómo se sortean las grandes tormentas y cómo se les puede sacar provecho para mejorar aún más.
No pretendo contar la historia del trasvase Tajo-Segura. Pero, desde luego, los gestores del mismo no supieron medir simplemente los caudales de agua que llegarían anualmente a los embalses de Entrepeñas y Buendía. Se equivocaron. Seguro que no dispusieron de datos suficientes, pero el resultado ha sido nefasto. Ha dado lugar a dos ramas de problemas: a) no se han podido enviar los volúmenes previstos; b) se ha dado pie a justificar que todo ha sido por culpa del denominado cambio climático, lo cual no es cierto. La realidad es que la cuenca, aguas arriba de los dos embalses, no puede producir ni ahora, ni hace mil años, los volúmenes previstos en el trasvase.
La ministra Teresa Ribera antes de ser nombrada ministra, era alta funcionaria en Bruselas en el Departamento correspondiente al Cambio Climático. Si nos ponemos en su piel ¿qué nos gustaría haber hecho como ministra del ramo para “ganar puntos” a la vuelta a Bruselas, que antes o después se producirá? Creo que para ella el concepto de triunfar se corresponde a su idea, repetidamente explicitada, de que el agua de una cuenca debe circular por su propio cauce del río, sin molestarla para que no se dedique ni al riego, ni a cualquier otra utilización.
Su mensaje homogéneo y continuado es que las emisiones de CO2 para el año 2050 sean cero. Y es esto lo único que está pensando los 86.400 segundos del día. Quiere sacar muy buena nota a su vuelta a Bruselas. Si pudiera ser ¿por qué no Comisaria del Cambio Climático?
Creo que siendo cierto que estamos viviendo un cambio climático, no se dan cuenta de que este cambio es continuo en la vida del planeta. El verdadero “cambio” sería que no se produjeran alteraciones naturales durante el devenir del Planeta. Hace pocos años se nos machacaba con la idea del “agujero de ozono”. Ahora hay mucha gente que no sabe siquiera en qué consiste. La apertura del agujero terminó volviendo a cerrarse, y con toda seguridad volverá a abrirse.
Por tanto, es bueno ponerse metas para disminuir las emisiones de CO2, pero, por favor, sin pasarse. Esta mañana el ministro Garzón nos quiere convencer que no comamos carne. Seguro que por disminuir las emisiones de anhídrido carbónico de los intestinos de los animales. Si seguimos por este camino . . . . . . . .
Como el puesto que ocupan puede durar solo una legislatura, por si acaso, quieren ir a toda velocidad. El problema es que las piernas corren más de lo que pueden y continuamente se tropiezan y se caen. Un ejemplo es cómo han liquidado la venta de los vehículos de gasoil, cuando nuestra ministra les puso fecha de caducidad. Sin embargo, la tecnología ha conseguido que los nuevos vehículos diesel contaminen menos que los de gasolina. Pero, el daño ya está hecho.
Con los vehículos eléctricos va a pasar igual.
¿Por qué no bajar la velocidad? ¿Por qué no adecuarla a la realidad? Lo importante es que hagamos descender las emisiones contaminantes. Que nos desprendamos en nuestro día a día de los combustibles fósiles. Que implantemos energías renovables. En todo ello, estamos de acuerdo todos, no nos tienen que dirigir a una velocidad que no es posible.
Por todo esto criticamos, con toda la fuerza, la política del MITECO en relación al trasvase de agua desde el Tajo al Segura. Es necesaria una importante reflexión sobre lo que habría que hacer, que debería ser bueno para todos. Para el Tajo y para el Segura y probablemente para los recursos de otras cuencas. ¿No sería necesario un cierto caudal ecológico, no solo en el Tajo, si no también en el Segura? ¿Lo diría también un juez? Porque el río Segura no tiene caudal ecológico alguno. ¿Es necesario para Portugal que sigan perdiéndose 8.000 Hm3 anuales? ¿Por qué el Duero y el Ebro siguen perdiendo también agua hacia Portugal y hacia el Mediterráneo? No aceptaría la respuesta de que tales enormes salidas de agua son exclusivamente necesarias para el equilibrio de los ecosistemas continental-marinos, porque entonces se olvidan que por río Segura no desemboca ni una gota de agua desde hace más de 100 años. ¿No habría que ayudarle a este río? ¿No sería de mayor valor medioambiental que el agua llovida en España pueda ser repartida entre las diversas cuencas hidrográficas por el hombre y no por la orografía de nuestras tierras?
Ahora bien, hay que admitir, que equivocados o no, los que gobiernan y deciden son los políticos. Es la hora de Pedro Sánchez y Teresa Ribera. Y meridianamente han dicho que no quieren que persista el trasvase del que vive el sureste español. Se va a acabar. Entonces, ¿qué hay que hacer?
No hay tiempo que perder. Hay que decidir inmediatamente, para que no tarde más de cinco años la resolución del problema, en atacar la solución técnica y económica que lo resuelva de manera totalmente definitiva.
¿Cómo cambiar la base del pensamiento que se ha tenido hasta ahora y ponerse al lado del que manda y ordena? Todos recordamos el accidente aéreo en los Andes en 1972. De los 45 ocupantes del avión solo sobrevivieron 16 personas. Lo hicieron porque se alimentaron con la carne de sus compañeros fallecidos. ¿Alguna vez hubieran pensado que esto le pasaría a alguien, cometer antropofagia? No, pero era la única salida posible.
Pues, en eso estamos, la única salida posible es la construcción inmediata de una planta desaladora de 200 hectómetros cúbicos anuales. Ya se están haciendo plantas similares, y hasta de 400 Hm3 y más, en el Golfo Pérsico. A mayor volumen, mejor precio.
Consultadas fuentes fidedignas de las empresas que las han construido y que las operan a precio cierto, aseguran muy firmemente que con estos volúmenes, si se operan las 24 horas del día, los 365 días del año, el precio del metro cúbico, situado a cota cero, a la salida de la planta, sería de 0,40€ el metro cúbico.
La planta podría costar 400 millones de euros. El coste de amortización estaría incluido en ese mismo precio. Por lo tanto, si el Estado lo pagara todo, el precio correspondiente a la amortización descendería en 0,10 o 0,12€ el metro cúbico.
Si, como ha dicho el MITECO, se construyera una planta fotovoltáica por valor de 300 millones de euros, o los que fueran necesarios, y si la producción eléctrica no entrara en las redes públicas y fuera directa a la planta desaladora, el precio disminuiría otros 0,10€ el metro cúbico.
Por tanto, el precio básico a cota cero, podría ser de 0,20€ la unidad.
Ahora bien, en determinados momentos, se necesitan embalses de regulación para el agua desalada producida por la nueva planta. Estos embalses reguladores podrían ser el pantano de La Pedrera y los acuíferos de Crevillente y el de Ascoy-Sopalmo, cercanos al citado embalse y cercano al azud de Ojós.
Obviamente, el precio del metro cúbico, citado en 0,20€ por metro cúbico ascendería por el efecto de las sucesivas elevaciones. Sería muy importante, que a cambio de darle la razón al MITECO y quitarles un enorme problema, si también accedieran a pagar a su costa la inversión y la amortización correspondiente, el precio final del agua para los agricultores del sureste no debería de pasar de los 0,35€.
Suena bien. ¿Estamos dispuestos a resolver de una vez por todas el problema de las necesidades de recursos de agua para la mejor zona agrícola-industrial y tecnológica de Europa?
Que así sea.