Este pasado 16 de diciembre del año de la Covid-19, el Parlamento Europeo ha aprobado una nueva directiva, obligada a transponer a la legislación española, sobre la calidad del agua de consumo humano. Como es habitual, Europa ha respondido a las insistentes peticiones de legislar más allá del nivel de calidad del agua, exigido en la actualidad, pero demandado desde hace muchos años, por la mayoría de los profesionales y entidades que nos sentimos vigilantes y preocupados para que el agua del grifo sea de la más excelente calidad posible.
Fíjense, el 46% de los españoles beben diariamente agua embotellada. En las ciudades del sureste español y también en el noreste de nuestro país, la proporción de agua que no es del grifo supera el 60% o más. En los restaurantes españoles los clientes beben agua de botella, no del grifo. Esto no ocurre en otros países.
Si esto sucede, no hay más que decir. Algo estamos haciendo mal. Como he dicho, muchos profesionales estamos diciendo lo que está ocurriendo y estamos pidiendo modificaciones de leyes y soluciones para que el derecho al agua de buena calidad se pueda ejercer a la salida de los grifos. Que quede muy claro que en la actualidad el agua que sale por ellos es considerada como totalmente potable,pero esto no debe ser suficiente cuando tanto ciudadano compra aguas de botella e incluso hay gentes que se traen el agua de manantiales del campo, para disfrutarla. Los Ayuntamientos y empresas gestoras del agua no tienen culpa de este desaguisado. Son responsables los gestores situados por arriba de ellos.
La nueva directiva europea obliga a introducir un enfoque completo basado en riesgos para la seguridad del agua, que cubra toda la cadena de suministro desde el área de captación, extracción, tratamiento, almacenamiento y distribución hasta el punto de cumplimiento, que suele ser el grifo del ciudadano.
Por primera vez se habla claramente de buscar la idoneidad del punto de captación,al objeto de que no quede contaminada el agua al descender superficialmente por el curso del río, o subterráneamente por un acuífero. A esto se refiere cuando dice: los Estados miembros deberían caracterizar las cuencas hidrográficas de los puntos de extracción e identificar los peligros y los sucesos peligrosos que podrían deteriorar la calidad del agua, como las posibles fuentes de contaminación asociadas con esas cuencas hidrográficas.
Si leen detenidamente el anterior párrafo, en la cabeza de muchos se estará pensando en el agua destinada al consumo humano que viaja por el cauce del río Segura, desde el embalse de Talave hasta el embalse de Ojós.Más de tres millones de personas que habitamos en el sureste español bebemos un agua, que viniendo con el objetivo de beberla, es mezclada con el agua del riego, con el agua del río y con todos los vertidos que reciba o pueda recibir el río Segura.
A esto es a lo que se refiere la nueva directiva. Hay que poner el foco en el punto de la captación, no en el punto final del loco y absurdo transporte a que es sometida tal agua.
Gracias a este empuje legislativo estamos en el inicio de una solución definitiva de la calidad del agua del grifo. Bienvenida sea. Aunque hasta 2027 los Estados miembros no están obligados a poner en marcha ciertas partes de la misma.
No obstante, bastaría que se pusiera en marcha la ley 17/2011 de 5 de julio sobre Trazabilidad de los alimentos, para que todo este grave problema se hubiese solucionado. Si el agua es un alimento para el organismo humano, se debiera aplicar, del mismo modo que a los artículos que encontramos en los supermercados. Cualquier producto que adquirimos viene clasificado, envasado y con sus características especificadas.
Esta ley solo es española, esperemos que la nueva directiva por aquello de ser europea sea más respetada que esta.
Espero que nuestras autoridades no se escuden con los costes que requeriría la realización de una conducción cerrada desde el Talave hasta la entrada de nuestras plantas potabilizadoras, que es lo que ha evitado realizar hasta ahora. Solo con el ahorro de la compra de agua embotellada, en tres años estaría amortizada la obra,aunque no salga del mismo bolsillo. Es más, la mejora medioambiental de eliminar la compra de los envases de plástico de las botellas, es muy sustancial y hay que tenerlo en cuenta. Y no digo nada de la pesada carga del agua embotellada transportada desde las tiendas hasta los hogares.La verdad es que todo esto ha sido una locura, porque desde 1979, año en el que llegó el trasvase, debía de haber sido tenido en cuenta y no haber dado lugar a esta desagradable y costosa situación.
La nueva directiva implica muchos más cambios. Muchos de ellos ayudarán a preservar y mejorar la calidad del agua de consumo humano. Otro día hablaremos de ellos.
Agradezco a un lector de este blog, Andrés Martínez Noguera, que me haya puesto sobre aviso de la aprobación de esta directiva. Muchas gracias.