Estos Proyectos constituyen la historia, casi no conocida por gran parte de la población, de cómo luchar por conseguir ganar a la adversidad de no disponer del agua suficiente en el Sureste español. La Naturalezase la ha denegado. La situación geográfica, como comarcas extremas de la Península, le impide que le lleguen las lluvias provenientes del Atlántico. Solo le cabe esperar el agua que le llega desde el Mediterráneo por las pequeñas borrascas que entran por el Estrecho y que terminan su recorrido castigando con muy intensas y esporádicas lluvias a las tierras secas de Almería, Murcia y Alicante.
Ya en 1420, hace 600 años, el Consejo de Elche acordó realizar gestiones para traer agua del Júcar a las tierras de Elche, que en parte son del Segura y del Vinalopó. Este Proyecto se siguió solicitando en años sucesivos, constando algunas de las innumerables fechas en las que se procedía a reiterar su petición, 1528, 1565, 1847. Alicante en 1628 también solicitó una Traída de aguas desde el Júcar. En Elche, se solicitó el agua del Ebro en 1905 y el agua del Tajo en 1912. Hace muy pocos años ha llegado, por fin, el agua del río Júcar a la cuenca del Vinalopó. En una cantidad mínima comparada con la necesaria.
Los intentos de traer agua desde el interior de la Península para reforzar los recursos de agua para el riego y no paralizar la producción agrícola por las grandes sequías, continuaron.
No se quedaron atrás Lorca, Cartagena, Murcia y el norte de Almería en el intento de conducir aguas sobrantes del Noroeste de la provincia de Granada, de los ríos Castril y Guardal, de la cuenca del Guadalquivir, hasta sus zonas sedientas por las grandes sequías, endémicas en esta zona de España. Ya desde 1568, sus Concejos Municipales se lo solicitaron a Felipe II y lo concedió, con la idea de unir este canal con el mar en Cartagena, con una doble idea: poder transportar troncos de árboles hacia el Puerto de Cartagena para la construcción de barcos, y conducir aguas que regarían las tierras del Sureste. Después de una serie de vicisitudes y parones, el Proyecto fue aprobado por Carlos III, que ya había impulsado el Canal Imperial de Aragón, el Canal de Castilla y el Canal del Manzanares. En un determinado momento, se creó una empresa privada con accionistas españoles y extranjeros, dadas las magníficas perspectivas de creación de riqueza con la puesta en marcha de un Canal de 287 kilómetros de longitud, 14 de ellos en forma de mina por debajo de la sierra de Tomares, que llevaría agua para la zona citada desde un principio. Solo se pudieron realizar 29 kilómetros. La empresa privada quebró y el Proyecto quedó varado nuevamente.
Un caso muy significativo del ansia por captarla en un intento absurdo, fue el realizado en 1966 en la obra denominada “El túnel de los suizos”. Desde años antes, una persona que se declaraba capaz de adivinar por donde discurren las aguas subterráneas, de las cuales estaba convencido de que se trataba de grandes ríos subterráneos que venían desde las Castillas, ilusionó de tal manera a una serie de regantes y de grandes propietarios de terrenos agrícolas, de que existía un enorme río que pasaba por debajo de la sierra de Crevillente, que se encuentra bordeando a la Vega Baja del Segura. Su idea era construir un túnel a los pies de la sierra en dirección este-oeste. Los regantes ya se repartían el agua a encontrar. Crearon una Sociedad para que organizara y gestionara todas las cuestiones, desde las obras a la organización productiva y económica. No sé cómo, pero se produjo un gran interés por especuladores con base en Suiza. La empresa vendió acciones y se cotizaron en la Bolsa de Zurich. Las obras se iniciaron con cientos de obreros a una determinada cota y avanzaron, pero no encontraron ningún río. Ya que habían hecho el túnel, sospecharon que podría estar por debajo del suelo de donde se encontraban. Construyeron un sondeo vertical y encontraron agua. Siguieron haciendo sondeos hasta encontrar un total de 750 litros por segundo. Seguían creyendo que habían encontrado el supuesto río que venía desde las mesetas de España. El cuento se fue acabando cuando observaron que el nivel del agua bajaba continuamente desde el nivel donde lo encontraron por primera vez. Efectivamente, no había ningún río. Habían extraído el agua del acuífero de la Sierra de Crevillente, acuífero calizo de pequeña extensión, que contenía unas reservas de agua, que duraron unos pocos años, descendiendo el nivel constantemente y salinizándose el agua conforma descendía el nivel. Está claro que estos sueños solo se pueden tener cuando y donde hay “mucha hambre de agua” y muchas posibilidades de hacerla productiva con un extraordinario clima que propicia varias cosechas agrícolas al año.
Con las referencias que existen sobre peticiones angustiosas de todos los municipios de estas zonas pidiendo o exigiendo el agua, se podrían escribir dos o tres libros. Que no piense nadie, que la idea de trasvasar aguas hasta la zona que va desde el norte de Almería hasta poco más arriba de Alicante, es idea exclusiva de la Segunda República o de la época franquista. Es de todos los habitantes, desde siempre, desde el final de la Edad Media, aunque recogidos en escritos desde que existen estos, con cierta generalidad y con el protocolo debido. Durante siglos y siglos, todos los días, todos los años, se ha llorado, implorado y exigido que venga el agua desde los ríos más próximos, el Guadalquivir, el Tajo, el Júcar y el Ebro.
El resto se ha hecho recientemente mediante tuberías cerradas. El agua llega hoy desde el río Castril, en la cuenca del Guadalquivir, a la cuenca del Almanzora y al valle del Guadalentín. También, hace ya 40 años desde el Tajo a toda la zona. Y algo del Júcar llega al Vinalopó.
Pero, en los tres casos, con mucha menos agua de la que estaba prevista y necesitada. Por esto mismo, se sigue implorando, pidiendo y exigiendo que llegue el agua suficiente a esta zona, desde el resto de España.
Una reflexión: ¡qué poco debía de llover en todos aquellos cientos de años, cuando tan pocas personas que habitaban las tierras citadas, por lo que no podían tener tantas necesidades, se ponían como meta, que les trajeran agua de cuencas tan lejanas!
Y por último, una admiración: ¡qué excelente trabajo realizado, qué extraordinaria fe que ha movido montañas y qué riqueza se ha creado en la agricultura y en la tecnología, por los hombres y mujeres de estas tierras sedientas!