La Ciencia y las Emociones. Francisco Jarauta y Mario Vargas Llosa.

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Las personas que hemos vivido, aprendido e investigado algo sobre los aspectos científicos de los procesos y de los fenómenos que ocurren y han ocurrido en el Planeta Tierra, estamos algo más preparados para interpretar, para entender y para aceptar los riesgos que cada uno de estos hechos, sean más o menos importantes,  producen. Es más, no es difícil que podamos aventurar que esos mismos procesos, que han sido recurrentes a lo largo de la historiade la Tierra, puedan volver a producirse, no una sola vez, si no que lo harán repetidamente en el futuro.

Los terremotos se reproducen continuamente en todo el Planeta. La energía descargada por el movimiento de dos placas continentales o entre dos bloques de una falla, son procesos normales que suceden a todas las horas de un día cualquiera. Solo son noticia, cuando llegan a un cierto grado de energía, lo que provoca muertes, derrumbamiento de edificios y de estructuras. Sin embargo, lo que nos parece que ocurre muy de tarde en tarde a ojos del hombre, no lo es a escala geológica. Sepamos que la probabilidad de un terremoto de grado 7 de la escala Richter es probable en la Cordillera Bética, cada 70 años, según el análisis estadístico de los que han existido en la historia y han sido documentados por los daños ocurridos. ¿Puede que el día que se produzca uno de ellos, en Granada, Almería, Jaén, Málaga o Murcia, nos quedemos sorprendidos?

Los maremotos, consecuencia de grandes terremotos producidos en las mismas condiciones, pero en tierra cubierta por el mar, no tengo datos de su recurrencia en determinadas zonas del Planeta, pero todas las personas de más de 20 años hemos conocido varios de ellos y alguno con daños irreparables de vidas y destrucción. ¿Habrá más? Pues sí, porque es algo recurrente y normal en la vida.

Los volcanes, consecuencia de factores geológicos también. Han aflorado, se han producido erupciones de gases y de lava y en función de su acidez, han explotado, zanjando también miles de vidas, destruyendo infraestructuras y cubierto de cenizas, ciudades enteras. Y lo hacen de una manera también continua, pero a la escala del período de vida del hombre, nos parecen fenómenos extraordinarios, consecuencia del castigo de Dios, una maldición divina. El caso del volcán Támbora en el siglo XIX produjo en Europa “un año sin verano”. Hubo hambrunas generalizadas y millones de personas murieron. Mientras tanto Lord Byron y muchos más intelectuales, en su confinamiento, crearon obras literarias y musicales tan importantes, que ha sido considerado como uno de los momentos de mayor esplendor de creación cultural. Quizás esté pasando ahora lo mismo en medio mundo.

Los cambios climáticos. También lo han sido de una manera continuada. A las personas que vivimos en estos años, nos parece que ha influido muy poderosamente la explotación de las reservas de energías fósiles, hidrocarburos y carbón. Exactamente, el incremento de CO2 ha sido debido en su mayor parte al uso de estas energías, pero que no se nos olvide, por poner un único ejemplo, que la palabra Groenlandia significa Tierra Verde. Lo fue hace unos cientos de años y es probable que lo vuelva a ser, y seguro que el proceso en los dos sentidos volverá a repetir este hecho en infinidad de ocasiones. Ya estamos en camino de acabar con las energías fósiles. Dentro de muy poco tiempo, hacia el 2050, el 95% de la energía será renovable, pero los cambios climáticos seguirán produciéndose, como lo recogen fielmente los estudios estratigráficos de más de mil millones de años. Lo he dicho bien, mil millones.

La disminución del ozono en el Polo norte, el denominado agujero de ozono fue  objeto de enorme preocupación hace pocos años. Ahora no se habla de aquello. Se eliminaron los gases clorofluorcarbonados. Hubo que utilizar cremas de altísima protección para el sol. Huíamos de él. Y de pronto, poco a poco, el proceso del incremento del agujero  fue cambiando de signo y se volvió a la normalidad, sin que nadie haya explicado todavía el por qué de esta cuestión. Este año, se empieza a hablar del inicio de un nuevo ciclo de este proceso, ya que se está midiendo un incremento del agujero de ozono. ¿Por qué se inició la alarma de esta cuestión, que se solucionó por sí sola? Porque no teníamos datos anteriores de la capa de ozono en la Tierra y los primeros datos obtenidos se encontraron en forma de descenso. Ya veremos nuevos momentos de la evolución del agujero de ozono, de menor a mayor y viceversa.

Las inundaciones. Cuando ocurren fuertes lluvias en un determinado lugar y la concentración del agua es muy grande, aparecen riadas con destrucción, de nuevo, de vidas humanas e infraestructuras. Se han  achacado casi siempre a castigos divinos. Ahora, además, se les achaca al Cambio Climático. De nuevo, los estudios estratigráficos demuestran que las riadas y sus correspondientes depósitos sedimentarios de gravas, arenas y arcillas, denominados de “llanuras de inundación” están de hecho en todos los lugares del Planeta. ¿Qué están viendo ustedes, cuando observan “una vega de un río”? Están viendo una zona de innumerables inundaciones, ocurridas en miles, o cientos de miles o en millones de años.

Las sequías. El comentario sería idéntico al de las inundaciones. En zonas actualmente verdes, podemos comprobar que existen estratos de terrenos, que describen épocas muy secas, incluso desérticas. Y al revés, en zonas de hoy día, que son desiertos, encontramos en el subsuelo, importantes acuíferos de agua dulce, yacimientos de petróleo, que indican que provienen de la existencia de materia orgánica. Hace tan poco tiempo que ocurrió el último cambio, que en algunas zonas cambió de verde a seco, como en el Sáhara, que lo demuestran, entre otros datos, las pinturas rupestres en  cuevas donde se representan animales que solo podrían vivir en zonas de importantes lluvias y gran desarrollo de vegetación.

Los virus, coronavirus, bacteriasy demás. ¿Cuántos episodios y con qué intervalos han surgido en la última etapa del Planeta? que es la que podemos conocer porque el hombre dejó por escrito diversos hechos importantes de la historia de la Humanidad. Vayan por delante, las Siete plagas de Egipto, las oleadas de peste en Grecia, en Roma, en la Edad Media, en la llegada de los españoles a América, en la llegada de africanos a Norteamérica, en las gripes, sobre todo la denominada “española”, que algunos afirman que mató a 50 millones de personas. Es algo totalmente recurrente. Estos episodios virulentos han pasado cada pocos años en los últimos pocos miles de años de la Historia y volverán a ocurrir. 

Es la interpretación de la Ciencia.

He hablado de Ciencias Naturales. Les hablo ahora de las Emociones: hoy, poco antes de escribir este artículo, he leído dos entrevistas a intelectuales muy importantes de distinto signo ideológico: Francisco Jarauta y Mario Vargas Llosa. Solo me referiré a una frase de cada uno, que hace mención a la Naturaleza en el presente contexto de esta Pandemia que padecemos en estos momentos.

Dice JarautaAsistimos a una verdadera rebelión de la Naturaleza. La Naturaleza ha sido expoliada, explotada al límite. No puedo estar de acuerdo en absoluto con que esta Pandemia sea resultado de una acción del hombre sobre la Naturaleza. Ni tampoco, con lo que se podría entender de esta otra manera, que la Diosa Naturaleza haya tomado medidas, un castigo divino, como la lucha contra el hombre de un coronavirus vengador. 

Dice Vargas LlosaCreíamos que habíamos dominado a la Naturaleza. ¿Por qué lo dice? La Naturaleza se está comportando de esta manera totalmente regular a lo largo de la historia del Planeta. Solo puede ser un gesto de soberbia del hombre llegar a pensar que hemos dominado a las fuerzas de la Naturaleza. Esta es implacable con los seres vivos. Jamás será dominada. Viviremos a expensas de ella.

En resumen. Podemos observar como las emociones destiladas por estos dos grandes intelectuales chocan con la realidad de la Ciencia. No digo más, lo único si acaso, que ambos, después de decir lo que les he citado, justifican este ataque a la Naturaleza para visualizar posibles cambios inmediatos en las actuaciones políticas de la sociedad.

Da la sensación de que después del castigo divino, los pecadores debemos de comportarnos mejor, ser buenos en definitiva.

La Ciencia no se compadece con las emociones. Estas influyen poderosamente en el pensamiento de la Humanidad y a veces, desprecian y minusvaloran a aquella. Es más común y más fácil seguir a un intelectual cultural, que a un intelectual científico.

Pero, si ustedes quieren vivir más felices y aceptando la realidad como lo es, dediquen más tiempo a la Ciencia, a la racionalidad y déjense de tantas emociones que nos llegan por todas partes.

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