Observaciones a la dieta aplicada al Mar Menor.

 

 

Estamos a mediados de septiembre y lo primero que se ha puesto de manifiesto es que el Mar Menor evoluciona positivamente. Los datos directos de observación de sus costas y su fondo, inducen a pensar que se está en vías de eliminación biológica y fisicoquímica de una gran parte del exceso de sulfatos y otros componentes, que consiguieron poner en crisis existencial al conjunto de la laguna del Mar Menor, de lo más preciado del Sureste y de Murcia.

En todo este proceso de crisis, han hablado sobre el tema, científicos, agricultores, partidos políticos, Universidades y aunque muy tarde, hasta el Ministerio de Medio Ambiente. Ha sido muy interesante leerlos y escucharlos. Desde agricultores que negaban la mayor (exceso de abonos aplicados en los campos); políticos que se querían llevar el ascua a su sardina (sin saber de qué estaban hablando realmente); el Gobierno Regional que se balanceaba en un columpio con las cuerdas semirrotas, sin saber hacia donde dirigir sus decisiones (porque no sabía qué hacer); Comité Científico, creado por el Gobierno, con tal cantidad de miembros, que parecía más un Parlamento y dirigidos por un Presidente del citado Comité, que ha estado negando la entrada de aguas subterráneas en la laguna hasta hace unos meses; ganaderos de granjas, que no han abierto la boca, no se fuera a notar mucho que están vertiendo purines al acuífero del Mar Menor y el Ministerio que ha realizado un estudio impecable, que debiera de haber realizado hace años, que ha llegado casi tarde y lo peor es que para no pillarse las manos en sus conclusiones de qué hay que hacer a partir de ahora, ha realizado una lista de obras y de deseos, que no es nada pragmática, que no obedece a la realidad y que en ningún lugar del mundo se realizaría. Hay que hacer lo justo y hay que regular más. Una buena regulación trae consigo un análisis profundo de lo que hay que hacer y esto no se suele hacer en España.

La demostración más palpable de lo que digo, es el estado actual de la laguna del Mar Menor. Ha bastado poner a dieta (que no ayuno ni abstinencia), durante un año, las entradas al sistema y éste ha sido capaz de autorregularse gracias al sol, a la actividad biológica, a la dilución y a los procesos fisicoquímicos. Fíjense, con lo poco que se ha hecho se ha conseguido mucho. Esto debe ser una lección de lo que hay que hacer a partir de ahora, lo necesario, pero sin arcos de iglesia.

Bueno, déjenme un pequeño espacio personal. Desde 2011 en las páginas de LA OPINIÓN, he venido diciendo exactamente todo lo que ha dicho el Ministerio de Medio Ambiente en su informe. He escrito sobre las desalobradoras, sobre los sulfatos, su eliminación, los purines, la construcción de un cordón de sondeos, paralelo a la costa de la laguna para hacer descender el nivel del acuífero, extraer agua de él y conducirla por medio de una canal hacia ambos extremos del Mar Menor, los tanques de tormentas y más cosas. Por eso, creo que puedo opinar sobre lo que ha pasado, lo que pasa y lo que puede pasar en relación a este tema.

Sigo.

Es muy importante saber y entender bien que la construcción de una red de sondeos para controlar el nivel y descender el nivel del agua subterránea del acuífero cambia las reglas de juego que ha habido hasta el momento. Ahora pueden y deben ser otras.

Si la red de sondeos se equipa con una capacidad de extracción similar al volumen de agua subterránea que pueda llegar a la laguna, ya no existirá un problema de agua con sulfatos que alimente al Mar Menor, por lo que si se resuelve bien, además, la cuestión del agua superficial, procedente de las desalobradoras, con sus correspondientes salmueroductos y desaladoras, no debe de haber ningún problema para utilizar el Campo de Cartagena como una gran industria agrícola. No debiera de importar la cantidad de abonos a utilizar, puesto que van a ser eliminados, sea la cantidad que sea, por el sistema hidráulico subterráneo y superficial que se va a construir. Por supuesto, con la regulación debida.

En definitiva, cualquier sistema o industria, que elimina como salidas, todas las entradas al mismo, es perfectamente viable. La única cuestión que añadiría, es que el coste de todas estas infraestructuras tendría que ser pagado por quien recibe los beneficios, no por los demás. No sé si la agricultura de la zona seguiría siendo rentable, pero que contesten los interesados.

Eso sí, el problema de disminuir o eliminar la agricultura en el área de alimentación del acuífero del Campo de Cartagena, sería un problema económico, no medioambiental. Este es el cambio fundamental en las perspectivas de la gestión de los activos de agua, agricultura y medioambiente, que debe de traer consigo el que por fin se haya puesto de manifiesto el funcionamiento real del sistema del Mar Menor.

Es curioso, aunque sucede de manera continua desde que tenemos memoria, que los políticos, que son quienes deciden sobre las cosas (para eso los elegimos) no se ayuden de asesores suficientemente formados para no cometer errores como los que se han cometido.

 

Es también curioso que las Universidades, dentro de su endogamia, no consigan poner en común los conocimientos para obtener una visión global de las cosas. Es vergonzoso que el problema del Mar Menor no haya sido estudiado, ni previsto, ni realizado sobre él, alguna propuesta de soluciones. En algo, o en mucho, estamos fracasando.

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