Es muy importante para todos los interesados en el problema del Mar Menor la aportación que acaban de hacer los investigadores Gonzalo González, Sallent y Martínez Ródenas con su estudio sobre las orillas de la laguna, donde han encontrado al menos 35 puntos de afloramiento de aguas salobres procedentes del acuífero y que alimentan a las aguas saladas del Mar Menor.
Esto es lo que hacía falta desde hace mucho tiempo. Está bien hablar y hablar, pero hay que hacerlo con cuantos más datos mejor. Personalmente, yo he escuchado a personas que pertenecen al Comité Científico del Mar Menor diciendo, hasta hace pocos meses, que no existían entradas de agua subterránea.
Tenemos un problema, no solo en Murcia, ni en España. Es a nivel mundial. La excesiva especialización en la investigación científica hace que se cometan errores de visualización global de los problemas. Por tanto, puede haber un excelente investigador de biología, de agricultura, de lo que sea, pero que, aprovechando la reflexión de hoy, no tenga ni idea de agua subterránea. El resultado de sus investigaciones, de sus propuestas y de sus planteamientos, cuando esté ante agua subterránea, no podrá ser todo lo bueno que lo podría haber sido. Y al revés también.
En Murcia, hay excelentes investigadores de agua subterránea, pero muy pocos. Y me da la impresión de que no se cuenta mucho con ellos. Es más, todo el mundo sabe de agua superficial, pero no de la del subsuelo. Con la calidad del agua pasa lo mismo.
¿Era previsible que el acuífero drenara agua de manera difusa a lo largo de toda su frente de contacto con la laguna? Sí.
¿Por qué tanto los investigadores y los pescadores, al menos, no se habían percatado de esta alimentación de agua durante tantos años? Para poder explicarlo bien, hay que remontarse 50 años atrás, cuando no había ni sondeos realizados en el acuífero. Digamos que en una situación estable, el acuífero recibía solo la alimentación del agua de lluvia que se infiltraba en el área de alimentación del mismo. Esta agua subterránea circulaba hacia la cota más baja, que es la línea de costas del Mar Menor. La salida de agua se producía de manera difusa y era de poco caudal. En la etapa siguiente, cuando se empiezan a realizar sondeos de explotación de agua, y siempre antes de la llegada de aguas del Trasvase, la situación es distinta. Se produce una sobreexplotación del acuífero, y el agua de lluvia que alimentaba al acuífero y éste a la laguna, ya no llega a ella de ninguna manera, porque es explotada por los sondeos y al producirse un descenso de nivel del agua subterránea, hasta es probable que el agua salada entrara en el acuífero rompiendo el equilibrio anterior de la interfase agua dulce/agua salada. Y llegamos a la tercera fase. Aparece el Trasvase. A partir de este momento, la alimentación del acuífero no es solo por el agua de lluvia, sino también por la infiltración del agua de riego que no es aprovechada por las plantas. En definitiva, desde 1979 hasta este momento se han incrementado las entradas de agua en el acuífero y por tanto las salidas del mismo hacia la laguna del Mar Menor.
¿Significa, que habiendo encontrado 35 puntos de agua dulce o salobre en la costa de la laguna, que la cantidad de agua drenada es enorme? No lo es. Lo que ocurre es que sí es cierto que el agua del acuífero rebosa a lo largo de muchos kilómetros, pero esta difusión tan amplia no necesariamente va acompañada de un gran caudal. La explicación es muy sencilla. El agua del acuífero es dulce o salobre, pero su densidad es más baja que la del agua salada del Mar Menor, por lo que al llegar subterráneamente hasta la laguna, encuentra una frontera impermeable (la interfase) que no puede atravesar, lo que le hace aflorar a la superficie, a la misma altura donde concurren las dos aguas, que es la costa. El mejor ejemplo de esto es lo que se cuenta siempre de los pescadores que encontraban agua dulce en La Manga con tan solo excavar el suelo. Era lógicamente el agua de lluvia ocurrida en esta franja, que al infiltrarse quedaba ocluida entre los dos mares y el agua subterránea salada de la franja. Encima de ella flotaba el agua dulce de la lluvia. Esto sigue pasando. Hagan la prueba y lo comprobarán.
Todo lo expresado hasta el momento, siendo un mecanismo muy fácil de comprender, es evidente que no es conocido por todos los profesionales que han dedicado todo su esfuerzo y parte o todo del tiempo de su vida a la gestión o a la investigación del Mar Menor. La responsabilidad de no saberlo, creo que no les incumbe a ellos, es al Sistema que impera en las Universidades y a que a la Hidrogeología nunca se le ha tenido en cuenta de manera práctica ni ha estado en los temas de estudio de las Escuelas de Ingeniería ni de las Facultades de Ciencias en general.
Creo que la contaminación del Mar Menor no se ha producido de manera deliberada por parte de los distintos actores. Ha constituido una gran lección de humildad y de reconocimiento de lo que ha ocurrido después.